Autobiografía

Lo vivido.
Nací en Madrid en 1970, lo que me hace cada vez más mayor por alejarme irremisiblemente de aquel día 27 de julio a las siete de la mañana.
Mi vida fue como la de cualquier chaval que vive a las afueras de Madrid. Iba y venía del colegio constantemente y me apuntaba a algún deporte por aquello de crecer como es debido, al menos físicamente. En verano río, piscina o playa. También la tele, la rutina del día de reyes y los domingos comida familiar con la abuela: carne asada, para no variar. Así pasaron un mazo de años hasta que la música entró en esa rutina de acné, sudor, familia y suspensos. La música entró antes que la primera paja, para que te orientes. Primero fue Marley el que me enseñó el ritmo, luego Paco Ibáñez el que me mostró la emoción del verbo, no se porqué vino a verme Miguel Ríos entre medias de todo aquello, justo antes de que entrasen Clapton, Serrat y Dylan, casi cruzándose en el pasillo unos con otros. No me conformaba con su música y empecé a hacerme con sus biografías, los recortes de prensa, fotos, buscaba en la radio y los domingos acudía al rastro para comprar vinilos de todos ellos. Hacía años que Alaska y el Zurdo ya no pisaban aquellas aceras. Los suspensos no me distraían la atención y la familia veía con buenos ojos que su pequeño mostrase interés por algo.
El resto de los años que me quedaban de docencia los pasé buscando gente en las aulas que sintiese lo que yo al soltar el play del loro, porque de fútbol, nasti. El caso es que los había y nos descubrimos grupos, y afinamos la puntería de los gustos y años después seríamos los que andábamos en la bodeguita, fumando porros. Para esas ya había follado en varias posturas con un par de novias. Ya había pasado el Tejerazo.
Con uno de aquellos chavales del instituto, al que los años le otorgarían el mote de `el Babas´, me inventé que era locutor de radio, crítico musical, presentador de tele, seguridad en los conciertos, road manager, cantante y guitarrista, promotor, biógrafo, realizador de videos y escritor. Comenzó de ese modo una carrera contra la cotización en hacienda que voy ganando por ahora, matando un poco cada día lo que ellos llaman `vida laboral´. Lo que sé de oportunidades lo sé por perderlas, pero tranquilo, que lo se y si eso, algún día te cuento. Lo de los porros resultó revelador, pero mucho más las dexis y los ajos, las bolsitas de pichu y las noches de risas sin luz.
Lo bueno es que aquel “me lo inventé” a acabado teniendo su parte real… aunque el grueso de su relleno este compuesto por eso, por mucha inventiva, hambre, cabezonería e ilusión. Lo mismo esa es la parte real, vete tu a saber… porque la que si que es real es la de vivir con un sueldo precario y entregado casi siempre bajo cuerda, insuficiente como la suerte, negro como el porvenir; y es que de eso también hay ración para todo el que quiera y para el que no, pues doble.
De tribus urbanas, poca cosa y tarde, más bien chaval de barrio con ambiciones cosmopolitas. En una de esas me llamaron Turrón, que no es mi apellido de DNI… la cosa fue porque unos colegas le robaron a mi viejo una tableta del dulce típico navideño cuando subieron a casa a visitarme y yo me emperré y me reboté hasta que la devolvieron. Me quedé con la tableta y el apodo: Turrón.
Ya pasado el meridiano de los veinte me dio por tocar en un grupo de tres. Descubrí (=me dije a mí mismo) que saber tocar bien es lo de menos, que más malabares se hacen con otras mazas inherentes a un grupo de música moderna…
King Putreak, el nombre de algo que existe por creer en ello, nada más, similar a lo que le sucede a mucha gente que se pone al cuello la Guadalupana buscando un milagro, un algo al que agarrarse. Entre tanto me uní a ese combo sin parangón que fueron Huevos Canos, cantando y tocando, pero sobre todo haciendo de extravagante partenaire.
Alguna vez trabajé: de portero, cargando muebles, repartiendo propaganda, repartiendo papeo para unas pizzerías, poniendo ventanas en oficinas, mozo de almacén, en un puesto de periódicos y de mensajero en autobús para una agencia de viajes. Seguro que se me olvida algo, pero mejor. Ahora estoy de secretaria en una agencia de grupos de rock.
Y termino.
Hace unos meses he sacado un libro “Al domador se lo tragaron las fieras”. Este 13 de septiembre pasado traje al mundo a mi primer churrumbel, Tom. Las cosas no van mal.
Espero que te suceda lo mismo tras echar un vistazo a este rincón cibernético, que te de por leer o por escribir, por hacer un grupo, follar, pintar… o por ser lo que quieras ser y no lo que te manden. Un saludo.
Relatos de Turrones: